La parte del autocuidado, que nadie te enseña!
- Jeniffer Egas
- 6 feb
- 3 Min. de lectura
Por Jeniffer Egas

En esta época el autocuidado suele mostrarse como una pausa necesaria: descansar, desconectar, bajar el ritmo, dedicarse tiempo. Aunque todo eso es valioso, hay una parte del autocuidado a la que no prestamos atención y que no te muestran las redes sociales. No se aprende con autoafirmaciones, ni con rutinas de autocuidado. No se publica, ni se resuelve con una tarde libre. Es la parte incómoda, silenciosa y profunda: la que tiene que ver con hacerse cargo de las heridas emocionales que seguimos cargando mientras “funcionamos”.
Hay personas que funcionan muy bien, sin preguntarse mucho. Sin arriesgarse mucho. Sin cuestionar mucho… Cumplen, sostienen, resuelven y siguen adelante. Y aunque sigan con su vida como si nada, les pasa que viven cansadas, irritables sin saber por qué, constantemente en alerta, incluso cuando “todo está bien”. Les cuesta descansar, pedir ayuda, disfrutar sin pensar en lo que falta. Se cuidan, pero no sanan. Se detienen, pero no se escuchan. Se prometen cambiar, pero repiten patrones negativos con diferentes nombres.
Tal vez te reconoces en alguna de estas escenas: Te exiges más de lo que exigirías a otros. Te cuesta poner límites y después te reprochas el desgaste. Eliges el silencio para evitar conflictos, aunque te genere malestar. Te prometes que esta vez vas a cuidarte más… y vuelves a postergarte. Fácilmente, las personas confunden esto con debilidad, cuando en realidad es la voz silenciosa de heridas emocionales.
Durante años nos enseñaron que el autocuidado implica descanso, tiempo libre, una pausa cuando “todo explota”. Y aunque esas prácticas son muy sanas, no son suficientes cuando lo que está en juego no es cansancio, sino una historia emocional no resuelta.
Las heridas emocionales no siempre se manifiestan como dolor evidente. Muchas veces se expresan como hiperresponsabilidad, control, desconexión del cuerpo, dificultad para recibir, miedo a depender o una demanda personal de tener que ser fuertes.
Esa es la cara del autocuidado de la que pocas veces se habla, de atreverse a mirar e identificar las cosas que en el día a día, realmente no están funcionando bien ADENTRO.

Para empezar a hacer consciencia, y salir de ese automatismo que se filtra cada día y podemos pasarnos la vida sin identificar, te dejo 4 ejercicios para agregar a tu práctica de autocuidado que, creme, van a ayudarte a generar cambios positivos:
Reconocer: No lo que deberías sentir, sino lo que realmente está pasando. Nombrar el cansancio, la tristeza, la insatisfacción, la desilusión. Dejar de minimizarlo. Lo que no se nombra, no tiene entidad y si no le das entidad, no puedes trabajarlo.
Renombrar: Muchas personas creen que son “demasiado sensibles”, “difíciles” o “intensas”, cuando en realidad están cargando heridas antiguas que nunca tuvieron espacio para expresarse. Cambiar el nombre, cambia la relación que tenemos con nosotros mismos. A veces lo que consideras rasgos de personalidad, no es más que memoria emocional.
Reconectar: Con el cuerpo primero, con las emociones después y con el presente por último. Salir del modo automático y volver a ha- bi- tar- se. El cuerpo siempre sabe cuándo algo no está bien; el problema es que en el automatismo del día a día, nos hemos acostumbrado a ignorarlo para seguir funcionando.
Reintegrar: No existe nada como dejar el pasado atrás, eso es un cliché de la era moderna que no sirve realmente en un despertar consciente. El pasado, es parte de quien eres hoy, con sus cosas buenas, no tan buenas y sus cosas malas. Al pasado hay que darle un lugar distinto. Hay que integrarlo sin que gobierne cada decisión. Solo de esa forma puedes aprender a cuidarte y responder desde la consciencia y la presencia.
El verdadero autocuidado no solo tiene que ver con hacer tiempo para ejercitarse o relajarse. Sino también para mirarnos adentro con honestidad, atestiguar la angustia, el dolor, la frustración, entenderlo y transformarlo con disciplina emocional, conciencia y amor.
Sanar es un proceso íntimo, profundo y desafiante, pero posible.

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