El costo de no trabajar en tí mismo.
- Jeniffer Egas
- 6 abr
- 3 Min. de lectura
Algo no está bien en tu vida, pero no logras identificar exactamente qué es. Quizá estás cansado, angustiado, desconectado. Te cuesta tomar decisiones, sostener lo que empiezas, construir vínculos sanos o tener estabilidad en áreas importantes como el dinero, el trabajo o la pareja, y lo que posiblemente no estás viendo, es que hace meses o incluso años, solo estás repitiendo los mismos patrones y hábitos en esas áreas.

Durante los últimos años, y especialmente después de la pandemia, empecé a estudiar con mayor profundidad la relación entre la expansión emocional y la forma en que se configura nuestra realidad externa. Con ese análisis —y mis recientes formaciones en finanzas y emociones— fui entendiendo algo que hoy atraviesa todo mi trabajo clínico:
Ningún proceso de psicoterapia está completo si no genera cambios reales en la vida de una persona. Y ningún proceso de expansión emocional es efectivo si no tiene apertura, disciplina y continuidad.
La apertura es el primer paso. Pero no es solo reconocer que quieres o necesitas cambiar. Es tener la capacidad de cuestionar lo que hasta ahora has dado por cierto. Cuestionar lo que aprendiste sobre el amor, sobre el dinero, sobre tu lugar en el mundo, sobre lo que crees que mereces. Porque gran parte de esas creencias no nacieron de una elección consciente.
La mente inconsciente empieza a formarse mucho antes de que tengamos la capacidad de analizar o cuestionar lo que vivimos. Durante años, absorbemos dinámicas, reglas, formas de vincularnos y de interpretarnos a nosotros mismos sin ningún filtro. Recién en la adolescencia comenzamos a desarrollar las herramientas cognitivas y emocionales que permiten revisar todo eso. Así que hasta entonces, no elegimos nada, simplemente aprendemos.
Lo que no has cuestionado en este punto, lo vas a seguir repitiendo.
El segundo elemento es la disciplina, que no habla de rigidez ni exigencia vacía, sino de la capacidad de sostenerte en un proceso incluso cuando no es cómodo. Es entender que hay algo más grande que el impulso del momento, algo que vale más que quedarte en lo conocido, aunque duela. Sin disciplina, las personas no cambian. Posiblemente se adaptan, sobreviven, se explican… pero no transforman. Y entonces pasan años intentando resolver su vida desde el mismo lugar interno que desconocen. Intentando convertir paredes en puertas.
La continuidad es lo que permite que todo esto tenga sentido. Porque ningún cambio profundo ocurre de forma inmediata. Las creencias que hoy organizan tu vida llevan años —o incluso décadas— instaladas en tu sistema cognitivo. Desaprenderlas y construir nuevas formas de pensar, sentir y actuar requiere tiempo, repetición y compromiso.
Por eso el costo de no hacer este trabajo pasa desapercibido... porque es acumulativo!
Se acumula en decisiones que no tomas. En relaciones que sostienes aunque te desgasten o en oportunidades que no aprovechas. En una vida que, aunque funcione en apariencia, no se siente en paz.
Mirar tu historia puede incomodar, cuestionar lo aprendido puede causar dolor, elaborar episodios que han dejado una creencia negativa puede ser desafiante, pero no hacerlo también tiene un costo. El costo de haber renunciado a elevarte sobre las adversidades, a construir un plan de vida desde tus propias fortalezas y no desde las inseguridades y miedos que otros crearon en ti y sobre todas las cosas, el costo de renunciar al tesoro de trabajar por un bien superior para ti mismo.
Jeniffer Egas



Comentarios